Imágenes del objeto:



Descripción detallada del objeto:
Mi referente original es un cojín. Puede parecer una elección simple, incluso poco ambiciosa, pero precisamente por eso me interesa. Es un objeto cotidiano, algo que está en casi todas las casas y al que no solemos prestar atención. Está ahí, siempre disponible, siempre dispuesto a recibir el peso del cuerpo. Me gusta pensar que empezar por algo tan común me permite centrarme en lo esencial: la forma, el volumen, la materia.
Quiero trabajar con este objeto porque los pliegues de los textiles me parecen un buen punto de partida para introducirme en la escultura. Cuando miro un cojín, no veo solo un cuadrado relleno de espuma; veo superficies que se tensan, que se hunden, que se arrugan según cómo se apoye la mano o la cabeza. Creo que observar y tratar de reproducir esos pliegues puede ayudarme a entender cómo funciona el volumen en el espacio.
También me interesa algo más conceptual. Hay una idea que me ronda: la dicotomía entre ser y parecer. Un cojín suele ser cómodo, blando, mullido. Cuando lo vemos, damos por hecho que si lo tocamos cederá. Hay una expectativa muy clara. Yo quiero hacer un cojín que parezca todo eso, pero que no lo sea. Que tenga la forma, las arrugas, incluso el aspecto textil, pero que esté hecho de un material duro. Me atrae esa pequeña trampa. Que el ojo diga una cosa y la mano descubra otra distinta.
El cojín que uso como referencia es bastante grande: mide 65×65 cm. Es cuadrado. Es un cuadrado sencillo que, sin embargo, cambia completamente cuando se deforma. El relleno es de espuma y el exterior es de algodón con rayas blancas y rojas. El rojo no es intenso; está desaturado, como si estuviera un poco apagado. Las rayas rojas son más estrechas que las blancas, que tienen el doble de ancho. Ese detalle me parece importante porque marca un ritmo visual. No es un estampado cualquiera; tiene una proporción concreta. El hecho de que sea 100% algodón también influye mucho. El algodón es agradable al tacto. Parte de la sensación de confort viene de ahí. Un cojín puede servir para muchas cosas: apoyar la cabeza, proteger a un niño para que no se golpee, improvisar un fuerte en el salón. Es un objeto asociado al cuidado y al descanso. Por eso me parece interesante convertirlo en algo rígido, casi contradictorio.
Después de pensar en la idea, empecé a leer las fichas de materiales de escultura del Art Toolkit. Necesitaba entender con qué podría trabajar. La primera opción que consideré fue la arcilla. Me llamó la atención la definición de plasticidad: la capacidad de un material para conservar la deformación que se le aplica. Cuanto más plástica es una arcilla, más agua absorbe y más volumen puede adquirir. Eso me pareció positivo, porque mi cojín necesita volumen. Sin embargo, también supe que al secarse pierde tamaño. Eso me genera dudas. Tendría que calcular bien el grosor y quizá hacerlo hueco para que no se rompa. Aun así, la arcilla me parece un buen material para empezar: es accesible, se puede reciclar si se seca y permite corregir mientras trabajas. Además, me gusta el color rojizo de algunas arcillas con hierro.
También pensé en la cera. La cera de abeja podría ser más limpia que la arcilla porque no se mezcla con el agua. Eso simplifica algunas cosas. Pero necesita trementina para disolverse, y el olor es fuerte y yo tengo un bebé correteando por casa. Además, la cera es sensible al calor. Me pregunto si eso jugaría a favor o en contra de la idea de dureza. Quizá sería interesante que algo aparentemente sólido pudiera deformarse con el calor, pero no estoy segura de querer introducir esa fragilidad.
La espuma parecía una opción práctica. Tiene mucho volumen y poco peso. Se puede trabajar con herramientas sencillas como sierras o lijas. Una plancha de poliuretano podría servirme de base. Pero enseguida me di cuenta de que quizá no era coherente con la idea. Si utilizo un material ligero y relativamente blando, ¿realmente estoy llevando al límite la contradicción entre apariencia y realidad? Además, hacer pliegues convincentes en espuma puede ser complicado si no tienes experiencia.
El porexpan lo descarté casi de inmediato. Es frágil y se rompe con facilidad. Después habría que cubrirlo con masilla y pintarlo.
La madera me atrae mucho, aunque me intimida. Dependiendo del tipo, puede ser muy dura o más blanda. Me gusta la idea de trabajar con algo que fue un ser vivo y que todavía responde a la humedad y a la temperatura. La madera tiene una calidez especial al tacto. Eso podría reforzar la confusión: un cojín que parece blando y que además, aunque sea duro, resulta cálido al tocarlo. El problema es que no tengo los conocimientos suficientes para sacar tanto volumen de un bloque de madera.
El yeso lo veo más como un material para moldes. Sirve para reproducir una forma previa. No lo descarto del todo, pero siento que me aleja del proceso directo de modelar.
El metal lo descarté por cuestiones prácticas. Necesita hornos y herramientas específicas. No está a mi alcance ahora mismo.
La piedra, en cambio, me parece el material más coherente a nivel conceptual. Tallar un cojín en piedra sería casi irónico. Convertir algo asociado a la suavidad en algo frío y pesado. Pero también sé que la piedra exige técnica, herramientas adecuadas y mucha paciencia. Quizá para más adelante.
La resina me da la sensación de ser útil para rellenar moldes, más que para modelar desde cero. No termino de verla como mi primera opción.
Después de revisar todas estas posibilidades, me doy cuenta de que el proyecto no es solo hacer un cojín. Es entender qué significa elegir un material. Cada material cambia el sentido de la pieza. No es lo mismo un cojín duro de arcilla que uno de madera o de piedra. Todos hablarían de la misma idea, pero con matices distintos.
Lo que tengo claro es que quiero mantener esa tensión entre lo que parece y lo que es. Que alguien lo mire y piense que puede apoyarse -sé que soy muy optimista teniendo en cuenta que no sé nada de escultura-, y que al tocarlo descubra la rigidez. Me interesa ese pequeño momento de sorpresa, casi de decepción. Creo que ahí está el núcleo del trabajo. No se trata solo de copiar un objeto, sino de cuestionar nuestra relación con él. Y quizá, de paso, empezar a entender la escultura desde algo cercano, algo que he tenido siempre al lado sin mirarlo demasiado.
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Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.